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18 de julio de 2020

Una vuelta de tuerca en plena pandemia: Carhué habilitó un autocine


El predio del autocine, visto desde el aire. En cada función se permitían hasta 80 vehículos. Fotos: gentileza Gonzalo Echeverría

En épocas de Coronavirus, aislamiento, distanciamiento social, poca reunión social y lugares comunes cerrados, la clave es reinventarse, buscar nuevas maneras de hacer las cosas, encontrarle la quinta pata al gato y, sobre todo, no quedarse quieto.
Hernán Guercio / hguercio@lanueva.com


Así lo entendieron en Carhué donde, en plena Fase 5, decidieron realizar una serie de funciones de autocine para que la gente tuviera una opción diferente de esparcimiento en plena pandemia. No fue fácil, porque hubo que preparar un protocolo sanitario y de distanciamiento por pedido del municipio de Adolfo Alsina.

La iniciativa fue un éxito. Una pantalla LED de alta definición, de 7 por 3 metros, fue instalada en la cancha auxiliar de fútbol de Racing Club, con una capacidad de hasta 80 vehículos por función. El sonido se enviaba a través de una señal de FM a cada uno de los autos, y había un servicio de cantina por parte de la misma institución, a través de Whatsapp. Las películas eran provistas por el cine local, a cargo de la Sociedad Española de Carhué, que tiene cerrada su sala desde hace meses.



Para la gente, ya fuera amante del cine o no, fue toda una novedad. Cada auto podía contener hasta cuatro personas, y ahí adentro podían estar como ellos quisieran. Con mate, comida, volumen al máximo, asientos reclinados, pantuflas, pijama, en silencio, charlando o como quisieran. Si el frío de la tarde-noche se hacía demasiado intenso o se empañaban los vidrios, podían prender el motor y calefaccionarse; en el vehículo que estaba al lado, ni se enteraban.

¿El resultado final? Al terminar cada función, los espectadores daban bocinazos y hacían señas de luces y balizas en señal de aprobación.

La iniciativa fue por demás positiva y desde varios distritos de la región comenzaron a comunicarse con BC Interactiva, la empresa responsable del autocine. La idea es que el proyecto se pueda replicar en otras localidades de la zona, siempre que los protocolos sanitarios lo permitan.


Por ahora, no se sabe cuándo habrá nuevas funciones. Distintas localidades de la zona consultan para repetir la experiencia.



“Siempre hablamos de hacer un autocine –cuenta Gonzalo Echeverría, de la empresa organizadora-. Cuando comenzó el aislamiento por el Coronavirus nos quedamos parados, sin poder trabajar, y nos pareció que era el momento de llevar adelante el proyecto”.
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No fue fácil: hubo que desarrollar un protocolo sanitario y hablar con las otras dos patas de la iniciativa, el cine y Racing. Después, solo fue acondicionar el predio y poner una fecha para la prueba piloto.

“Fue un éxito, porque la gente nos acompañó. Hasta hicimos una página web para que no hubiera contacto, ya que a través de ella se compraba la entrada, se elegía el horario y se podía pagar con débito o crédito. Aparte, cuando se estaba en el lugar, la gente del club brindaba servicio de cantina a través del Whatsapp. La idea era que nadie tuviera que bajarse del auto; ni siquiera pudimos poner baños químicos”, cuenta.



La prueba piloto se realizó el fin de semana largo pasado, con seis funciones entre el viernes y el domingo: una a la tarde para los más chicos, y otra a la noche para toda la familia.

“Todos tenían miedo por el tema del frío pero, al final, no hubo problemas. Incluso, muchos se llevaban frazadas y hasta estaban con pijama y pantuflas en el auto. Fue una salida distinta”, remarca Echeverría.

A partir de ahora, la idea es replicar la iniciativa en otras localidades de la zona, de acuerdo a las fases que atraviesen.

“La gente quería que lo hiciéramos de nuevo este fin de semana, pero creemos que hay que generar expectativa porque, lamentablemente, no sabemos cuándo va a terminar el aislamiento. Sabemos que, como propuesta, es buena. Todos quedaron contentos”, finalizó.


El Choricine, el proyecto precursor



El autocine no fue la primera experiencia en su tipo realizada en Carhué, aunque lo que se hacía en su tiempo guardaba solo algunas similitudes.

Veranos atrás, debido al calor que se generaba en la sala de cine y los altos costos que suponía refrigerar aquel espacio, la Sociedad Española organizaba el Choricine.

¿De qué se trataba? En vez de proyectar una película dentro del salón, se hacía en un gran patio, y la imagen se reflejaba contra un gran paredón blanco.

La gente pagaba entrada e iba con sus reposeras a ver la película. Como servicio de cantina, entre otras cosas, los organizadores ofrecían choripanes.

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