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30 de julio de 2020

Un ingeniero de la UNS creó una innovadora silla de ruedas y Toyota la financiará


En 1 de cada 10 hogares de la Argentina hay una persona que usa silla de ruedas. En el mundo son más de 70 millones las personas que tienen alguna discapacidad motriz.

Mauro Tronelli tiene esas cifras en la cabeza porque hace casi una década que dedica su vida a diseñar una silla de ruedas que mejore la calidad de vida de esas personas.

Anhela un mundo en el que haya espacio para todos y todas, porque el que habita no es inclusivo: las sillas de ruedas no pueden transitar la mayoría de los espacios públicos y privados de cualquier ciudad. Las personas con discapacidad, en su mayoría, no pueden moverse y desarrollar su vida con independencia.



La silla que diseñó Mauro es diferente a todas y, según cuenta, está hecha con una tecnología industrial que no se suele aplicar en esos equipos. Es omnidireccional y puede girar sobre su propio eje, lo que permite moverse en cualquier sentido y dirección: hacia adelante, hacia atrás, hacia los costados y en diagonales.

Su proyecto arrancó hace 9 años, en un colegio técnico secundario de Villa Regina, en la provincia de Río Negro de donde es oriundo. Mauro tenía un amigo con discapacidad y se dio cuenta de lo difícil que era para él acceder a una vida normal. Entonces con un grupo de compañeros empezaron a diseñar la silla.

"Empezaron" porque la odisea se terminó de concretar recién a principios de 2019. En el medio, Mauro se vino a Bahía Blanca a estudiar con 2 amigos. Eligió la carrera de Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional del Sur.



Tenía 18 años y ya se había marcado un rumbo.

—Cuando llegué a la universidad me paré ante un profesor y le dije: "Tengo este proyecto, me gustaría recibirme con esto y necesito que me lo vayas chequeando a lo largo de la carrera".

En 6 años y medio ya estaba recibido de ingeniero electrónico y tenía el prototipo de su silla de ruedas. Pero faltaba una parte fundamental: el aporte económico para convertirlo en producto.

Entonces se asoció con un amigo, Guido Temperini. Crearon la pyme Edites Solutions y se anotaron en cuanta convocatoria y muestra tecnológica encontraron, a nivel nacional e internacional.

Su proyecto fue reconocido en distintas partes del mundo. Dice que ese recorrido les dio visibilidad, hasta que por fin llegó una oportunidad: la empresa asiática Toyota eligió el proyecto de Mauro para financiarlo, en el marco de un programa de promoción de proyectos innovadores.



—Pasó de ser un prototipo que era grande y pesado —medía 1,25 metros de largo y pesaba más de 90 kilos—, a algo muchísimo más chico y liviano, mucho más moderno, con un diseño totalmente diferente al resto de las sillas —explica el ingeniero de 27 años.

Ese proyecto de silla que empezó cuando era un pibe de secundaria, ahora se llama Siruom, pesa 58 kilos y puede transportar personas de hasta 130 kilos. Tiene baterías de litio de 48 voltios, con una autonomía de 8 horas o 60 kilómetros. Y alcanza una velocidad máxima de 10 kilómetros por hora.

La presentación oficial solo depende de que la pandemia de COVID-19 dé una tregua. Iba a ser en las Paraolimpiadas de Tokio, pero se suspendieron.

Una vez que la Siruom salga al mercado, arranca otra etapa para Mauro. Entiende que es "complejo" llegar directamente a las personas con discapacidad "porque entran en juego las obras sociales y es difícil que adquieran tu producto en una marca que recién comienza".

Pero el horizonte vuelve a ser ambicioso: apunta a que su silla de ruedas omnidireccional llegue a todos esos espacios que generalmente las personas con discapacidad no pueden disfrutar: hoteles, museos, cruceros, casinos y muchos otros ámbitos apuntando a un "turismo inclusivo".

—[Con esta silla] un hotel puede adaptar una habitación de forma rápida y fácil, sin hacer grandes cambios en la infraestructura. No tiene que, por ejemplo, cambiar un ascensor o agrandar una habitación o un pasillo. Reduce el tiempo y los costos de hacer esas modificaciones. Obviamente sabemos que la mejor adaptación es cambiar el ascensor o la habitación, pero son cosas que por ahí el empresariado no está dispuesto a hacer, entonces esto es una solución paliativa y ayuda a mejorar la calidad de vida de las personas.



El ingeniero cuenta que el lema de su empresa es "Rompiendo barreras", porque quieren romper las que existen entre la discapacidad y la sociedad.

—Hay muchas personas con discapacidad en el mundo y en Argentina. El 15 % de la población mundial presenta alguna discapacidad, es decir más de 1.300 millones de personas, lo que equivale a la población de China. El número es alto, pero en realidad no las vemos por el hecho de que no pueden moverse libremente y están aisladas o recluidas por la falta de accesibilidad en los espacios.

Que sean visibles es el deseo de Mauro, quien sigue trabajando sobre ruedas para romper tabúes y abrir camino a la accesibilidad.

(La Nueva)
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