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19 de julio de 2020

Cumplirá una promesa a los 71 años: caminará desde Bahía hasta Abramo



Héctor Oscar Garracini, alias Palito, alias El Pampa, quien desde hace más de 50 años trabaja como peluquero en Bahía Blanca, aprendió a cortar el pelo mirando a su mamá, a su tío, a sus hermanas y hasta a un vecino turco del pueblo pampeano de Abramo.

De padre carnicero, madre peluquera y con 8 hermanos “había que hacer de todo”.
Anahí González
agonzalez@lanueva.com

Perdió a su papá a los 13 años y siendo un muchachito se mudó a la ciudad para tener su propia peluquería, lo cual logró a los 20 años, luego de trabajar muy duro y hasta “sacrificar” su larga y setentosa cabellera. Luego de liderar varios salones recaló en Rodríguez 30, donde estuvo dos décadas.


En breve, partirá desde Bahía Blanca hacia su pueblo natal, distante 170 kilómetros, a pie, para celebrar allí su cumpleaños número 72. Tiene todo listo: una bandera con fotos de sus más lindos recuerdos, un permiso para entrar en La Pampa y mucho entusiasmo.

“Cuando me salvé del servicio militar mi mamá me dijo: ‘Ahora ponete tu propia peluquería, por tu cuenta”, contó.

“ Y le dije: ‘¿Sabés qué? Me voy a ir a Bahía, unos años allá, a cortar el pelo. Pero voy a volver; y voy a volver caminando”, narró.

Y así nació la promesa.



En el camino será secundado por un motor home conducido por su actual compañera de vida y en el tango, Ana Zatti, quien lo acompañará durante todo el recorrido.

“Estoy acostumbrado a caminar, no tantos kilómetros, pero sí 4 o 5 por día. Además, vamos a ir entrando en los pueblos, que están muy cerca uno de otro, a unos 15 o 20 kilómetros. No es un desierto”, dijo.

Además, planean pasar una noche en la estancia de unos amigos y seguir adelante.

“Yo calculo que tardaremos unos 8 días. Lo tomo como un relajo, no voy a competir con nadie. Voy a caminar cuando tenga ganas, eso se va viendo”, dijo.


La idea es pasar por distintos pueblos: San Germán, Villa Iris, Jacinto Aráuz, entre otros.

Al llegar a Bernasconi, donde tiene una propiedad, se reunirá con dos hermanas que viven allí y hará la cuarentena.

El día de su cumpleaños, el 14 de setiembre, ellas lo acompañarán desde el cementerio de este pueblo –donde están los restos de su padres- hasta Abramo, por un camino de tierra de unos 7 u kilómetros.

“Llegaremos juntos y festejaremos mi cumpleaños en la calle. Nos va a recibir la gente conocida del pueblo: compañeros de colegio. Voy muy seguido allá, cada 15 o 20 días”, señaló.
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Le dicen Palito por Palito Ortega, porque canta y toca la guitarra. En el pueblo o van a estar esperando para celebrar con canciones.



Se describe a sí mismo como “adicto a las camisas”, de hecho, tiene tantas como años cumplidos y es fiel cliente de La Casa de las Camisas. Le gusta ir a pescar, el tango, los amigos y la prolijidad del oficio, la atención personalizada, el detalle.

“Si seguimos hablando no le va a alcanzar el diario”, dice entre risas Garracini, pero no para de hablar. Tiene tantas anécdotas.


Hace unos años, junto a su hijo Guido, con un cliente que cumplía 100 años.

Como le encanta salir a pescar y los clientes siempre preguntan por él cuando se va, tiene un cartel pegado en la peluquería en el que advierte que no está, que está pescando y que no se sabe cuando vuelve, para que su hijo no tenga que estar contestando siempre lo mismo.
Mozo, changas, peluquería y tango

Tuvo su primer salón en calle Newton 2241, a pocas cuadras de la casa de su tío José, el panadero. En 1973 se casó y luego tuvo dos hijos: Mauro Gastón y Guido Jesús, quien también aprendió el oficio. Solo cortan el cabello a hombres.

Antes de eso, cortó el cabello a domicilio -iba a todos lados con su maletín- hizo changas, fue ayudante de albañil, mozo en la Pizzería Caminito - frente a la Plaza Rivadavia- adonde comenzaron a apodarlo El Pampa.
Es el sexto de nueve hermanos: siete mujeres y dos varones. Nació en Abramo, La Pampa, el 14 de setiembre de 1942. Hijo de Saturnino Garracini y Concepción Garrido. Se casó con Diana Recalde y tuvo dos hijos. Abramo tenía, en 2014, 330 habitantes.

También trabajó en las rotativas de La Nueva Provincia, adonde llegó por gestión de Julio “El Chiva” Infante Julio.

“Cuando llegué a Bahía tenía el pelo largo y no me lo quería cortar, año 69, 70. Y para la peluquería no daba tenerlo así. Un muchacho conocido me dice: ¿no querés trabajar en el Bowling Center? ¿Y quién era el dueño? Julio Infante, el famoso Chiva”, recordó.

“Y entonces pregunté si por intermedio suyo no había algún trabajo en La Nueva Provincia, y entré a trabajar. Había una máquina que cada 25 diarios largaba uno cruzado. Yo tenía que hacer 4 paquetes de 25 y atarlos para mandar a la zona”, recordó.

“En una época, de noche era mozo y de día, era peluquero”, contó.

Después del local en calle Newton se mudó a Alberdi 1753 y tuvo un fugaz paso por la peluquería Pelos – en calle Fitz Roy 27- donde llegó a conocer a Argentino Ledesma,

“Lo vi en la calle. Él venía a cantar a El Diábolo. Le dije: venga, que esta noche va a actuar, le corté el pelo y le pedí un tema. Ya tenía mi lugar reservado a través de un amigo”, dijo:

A lo largo de varios años conoció a figuras del tango como Daniel Olivera, Roberto Goyeneche, Jorge Falcón. En los 80, su entrañable amigo Roberto Piñeiro –dueño de la tradicional Botica del Peinador- compró un local en Rodríguez 30 y le hizo una oferta insuperable.

“Me invitó un café en el Hotel Italia, y me dijo: ‘Tengo un salón, te doy la llave, poné la peluquería y pagame lo que quieras”, contó que le dijo su amigo.
En este salón, estuvo nada menos que 20 años. En el 94, el local se vendió, pero una de las condiciones del comprador fue conservar al peluquero como inquilino.

La época en Rodríguez 30: Peluquería Oscar.

Garracini recordó sus épocas frente al edificio del histórico matutino bahiense.

“Al lado mío estaba la librería de Mario Guevara, de La Librería, tan reconocido en el rubro. Estaba Cuevas también, que vendía aires acondicionados. Y enfrente estaba el ginecólogo Pérez Ballester”, recordó.

En la actualidad. Desde hace 9 años está en Estomba 181, “a la vueltita”, y no lo cambia por nada. “Con el pibe mío –por su hijo Guido- preferimos pagar más de alquiler pero estar en Estomba, no hay con qué darle: el primer mes pasamos de 300 a 500 cortes por mes. Cobrábamos 8 pesos el corte”, recordó.

Atención especial. Oscar aseguró que si bien hoy a muchas peluquerías y barberías, en su salón muchos buscan la atención especial, la terminación, el detalle: “Cortar el pelo de la nariz, el pelo de la oreja, dejar todo impecable. Eso que se transmite en el oficio, lo que uno copia de los padres. Gracias a Dios que copié eso”.

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