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4 de junio de 2020

El Movimiento de Mujeres Agropecuarias en lucha cumplió 25 años



El Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha, una organización nacional que nació en Winifreda y evitó que miles de hectáreas sean rematadas durante la década de los 90, celebró su 25 aniversario. Se trata de un grupo de mujeres que se animó a parar los remates de campos con el cuerpo y el himno nacional como única arma de lucha.

En ese marco, la organización hizo público un documento en el que recuerda el grito «pan, tierra, trabajo, remates al carajo», que hicieron hace nada más y nada menos que 25 años.

«Surcaba las pampas, dando sustento objetivo, corpóreo y real, a esa loca decisión de ‘parar los remates’ ¿Con qué? Con el cuerpo y el himno nacional argentino, como única arma de lucha contra el aparato estatal, judicial y financiero. Tal fue la gesta del Movimiento de Mujeres en Lucho», destacaron.

Para situar en lo que ocurría en aquella década, explicaron que «el escenario diseñado por el plan de Convertibilidad del año 91, la reforma del Estado y su total desmantelamiento a todo nivel, con privatizaciones, desregulaciones, despidos y apertura indiscriminada de la economía (plan que empezó a pergeñarse en el golpe de Estado del 76)».

Este escenario se unió a los bajos precios de los cereales y el «alto endeudamiento de los pequeños y medianos productores, para lograr la tan vapuleada ‘eficiencia'». Todo ello fue «el caldo de cultivo para el nacimiento del movimiento».


Mujeres sencillas.

Desde la organización recordaron que ellas eran «mujeres sencillas», que lo único que tenían en claro era todo lo que «el modelo» les hacía perder: «herramientas, tierras, la producción, las familias… y hasta la vida en algunos casos». Esto se debe a que sus parejas, «abrumados por el endeudamiento», tomaron la trágica decisión de «quitarse la vida».

La primera que alzó la voz fue una pampeana, Lucy de Cornelis, que estaba radicada en Winifreda. Ella fue la pionera, la que prendió la mecha un 3 de junio de 1995. «Y fuimos uniéndonos, encontrándonos en las diferencias, conociéndonos, debatiendo, equivocándonos también, a lo largo de tantísimos remates parados en todo el país, enfrentando desalojos injustos y también más injustos encarcelamientos, ¡También fuimos espiadas!», afirmaron.


Solidaridad como emblema.

Sin embargo, pese a los ataques y las presiones, el movimiento continuó. «Ibamos desarrollando la más profunda solidaridad como emblema, con la misma fuerza y convicción con la que comprendíamos en profundidad la esencia de nuestras desdichas», agregaron.

De esta manera, expresaron, comenzaron a entender que «‘el campo’, así concebido no existe», que a pesar de que «no hay remates, avanzó la concentración de la tierra, de la producción, del poder de los grandes grupos de inversión, de los pooles de siembre, que de censo a censo desaparecen cada vez más chacareros y pequeños productores».


Esencia del sistema.

En ese recorrido, manifestaron, fueron «calando en profundidad» la esencia del sistema, y que la pandemia dejó en claro. En ese sentido, describieron que hay «70.000.000 hectáreas en manos de 4.000 personas y el 37 % de la población viviendo en el 3% del territorio. Sumémosle a eso 114.000 argentinos con un patrimonio neto superior a los 1.000.000.000 de dólares».

Esas cifras, para el movimiento, son la «síntesis perfecta de nuestros males: miseria en las grandes ciudades, despoblamiento del interior, falta de trabajo, falta de vivienda, de agua, de alimentos. Esa es la pobreza estructural y tiene un solo nombre: hambre de tierra».


Nuevos vientos.

Pese al oscuro panorama, consideraron que «soplan nuevos vientos». De esta manera, destacaron que si bien es cierto que «tenemos una gran incertidumbre, también es cierto que estamos en otro momento de nuestra historia, donde el hombre está en el centro del a escena, donde nos sentimos orgullosas de pertenecer a un pueblo que toma la solidaridad como forma de vida, donde por fin podemos empezar a discutir los grandes temas que hacen a nuestro destino como Nación: impuesto a las grandes fortunas; nacionalización de la banca; el comercio exterior; y los distintos programas hacia una reforma agraria integral».

«A pesar de haber transcurrido 25 años, donde muchas no están con nosotras, pero por eso mismo y para quienes necesariamente deberán tomar la posta, deberán saber, que ¡Por un millón de chacras! Es el destino buscado, perseguido y merecido de tantos y tantas, hombres, mujeres y jóvenes en nuestro querido suelo», concluyeron.


Lucy de Cornelís, la pionera

La conformación del Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha fue gracias a la pampeana Lucy de Cornelis, que «pegó el primer grito» para enfrentar al gobierno nacional y los grandes empresarios del campo.

«Fue un 3 de junio de 1995», recordó en una charla que mantuvo el año pasado con LA ARENA. «El 27 de mayo vino el rematador por mis cosas, después de haber trabajado tanto, nos íbamos a quedar sin nada», relató.

Ante la difícil situación que atravesaba con su familia, Lucy decidió que todo lo que habían logrado con mucho esfuerzo no se lo iban a llevar los grandes bancos. Su primer acción fue contar por la radio «que trabajar y comprarse un tractor era impagable» y que «te llevaba todo lo que habías construido en tantos años».

Lucy también llevó su reclamo, y el de muchas mujeres, a Eduardo Castex y a la capital pampeana. Al regresar a su pueblo, «los teléfonos sonaban de toda La Pampa». Eran personas que querían contarle sus historias.

De esta manera, el 3 de junio de 1995 se desarrolló en el Club de Winifreda la primera asamblea, donde participaron 300 mujeres de La Pampa. Lucy expresó que minutos antes de iniciar le pidió a su hija que traiga la bandera argentina y el Himno Nacional, que luego convertirían en los símbolos del Movimiento.

Allí se decidió fundar la organización y se resolvió, como primera medida, realizar un petitorio de ocho puntos en donde se solicitaba la suspensión de los remates y la cancelación de los intereses de las deudas, que incrementaron increíblemente el monto.

Las mujeres fueron recibidas por el entonces gobernador Rubén Marín, quien «nos pidió una semana». Luego, fueron atendidas por Carlos Medrano, ministro de la Producción, y «nos mandó a sembrar orégano, a criar avestruces».

«Queríamos que se pusieran al hombro la lucha porque había 10 mil productores endeudados y eran los chicos, no los grandes. Nosotras no estábamos en contra de nadie. Después nos dimos cuenta que venían por la concentración de la tierra y a quedarse con la tierra de los pequeños productores».

La situación que se vivía en la provincia no era distinta a lo que sucedía en el resto del país.

«Se enteraron otras mujeres y se comunicaron con nosotras. Hicimos otra asamblea el 21 de septiembre con 1.500 mujeres en La Pampa», rememoró Lucy y continuó: «Ahí empieza la lucha, a golpear y nos dimos cuenta que a nadie le importaba la patria, que era lo que estaba en juego».

Lucy contó que en ese momento, luego de muchas discusiones, se llegó a un acuerdo que consistía en que, si no se atendían sus reclamos, marcharían hacia Capital Federal. La fecha elegida no fue casualidad. El 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, 3.500 mujeres de todo el país realizaron «la gran marcha» hacia Buenos Aires.

Lucy resaltó que el Movimiento se trató de un colectivo en el que estaban «metidas adentro para pelear por todos». En ese sentido, precisó que «había 14 millones de hectáreas hipotecadas en el país» y no tuvo dudas en señalar que «fuimos las mujeres las que salvamos la soberanía argentina».

«Yo digo que nosotras fuimos el grito del silencio porque el hombre, y más del campo, tiene mucha vergüenza y se mete para adentro y no es capaz. Patria es madre, nosotras somos madres y salimos a defender el futuro de los hijos que estaba tan comprometido», afirmó.

Así comenzó la batalla del Movimiento de Mujeres Agropecuarias el Lucha. «Me siento muy feliz, no me duele nada, porque esto sirvió a otros compatriotas. Esto es lo que le dejo a mis hijas y mis nietos como herencia, que en la vida hay que luchar, y luchar por el otro también», afirmó.

(La Arena)
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