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Triers Hotel

1 de junio de 2020

Aprender con y sin internet, una brecha que docentes y familias buscan achicar



Pamela vive en el barrio Cabré Moré, donde atiende el merendero Los Principitos, y es mamá de Kenai, un nene de 9 años que asiste a la escuela primaria N° 7. Cuenta que desde que comenzó la cuarentena el aprendizaje de los chicos se tornó más complicado.
Las mamás que asisten al merendero ubicado en un sector de calles de tierra, a unos 5 kilómetros del centro, "se arreglan como pueden, hay muy pocas que tienen acceso a internet".

Por esa razón, la mayoría se acerca a las escuelas (N° 60, 57, 46 y 72) o jardines de los chicos (de los barrios Don Bosco y de Sánchez Elía) para buscar el material en formato papel o va a un quiosco del barrio donde las docentes dejan las fotocopias.

—Traté de conseguir algunas enciclopedias y nos vamos prestando material para que los chicos busquen información. Yo tengo acceso a internet, así que a veces la busco y se las comparto.

Además de ayudar en el merendero, Pamela trabaja en un consultorio privado de otorrinos y oftalmólogos; y al salir, ayuda a su hijo con las tareas, excepto las de Lengua y Matemática que resultan más complicadas. Para esas materias le da apoyo escolar una vecina que está estudiando, es de la zona y necesita el trabajo.

—Hay mamás a las que se les está complicando mucho. Algunas no pueden ayudar a sus hijos porque no entienden y muchos chicos no han hecho sus tareas. Hay un nene, por ejemplo, que tiene la mamá que no sabe leer ni escribir, así que con mi familia tratamos de ayudar.

Nilda tiene tres hijos en la escuela primaria N° 24: dos nenas de 7 y 9 años, y un nene que está a punto de cumplir los 6 y empezó primero.

Cuenta que trabaja de tarde y el tema de las tareas es complicado. Si ella no se pone con los chicos, ellos se dispersan y no hacen los deberes. Por eso, cuando está en la casa se sienta para ayudarlos.

Cuando no entiende algo va a la escuela para pedir que se lo expliquen y después ayudar a sus hijos. Dice que tanto las maestras como la directora le dan una mano, sobre todo con las fotocopias.

Mariángel es mamá de una nena de 6 años y un nene de 2. Vive con ellos y su esposo en el barrio San Agustín. Cuenta que si bien tienen acceso a internet, las tareas con los chicos también le resultan dificultosas.

La nena acaba de comenzar primer grado en la escuela N° 5 y en marzo ni siquiera sabía el abecedario: se lo imprimieron y de a poco le fueron enseñando el sonido de las letras para empezar a juntarlas y formar palabras.

—De parte de la señorita no hay una explicación de cada consigna, entonces es rebuscarse y pensar cómo se le puede explicar. He logrado que se aprenda casi todo el abecedario: lo decimos por sonido y vamos deletreando palabras para que las escriba. De Matemática sabe un poco más, pero es ponerse todos los días y repasar los números —explica Mariángel.

El papá también colabora con las tareas de la nena; no así con el pequeño de 2 años que prefiere hacer las actividades con su mamá.

—Con el nene es distinto. Las seños de la salita mandan videos, canciones y actividades todos los días. Dos veces por semana tienen charlas virtuales de 40 minutos y también piden que hagamos cosas con ellos. Hacemos casi todas las actividades, en algunas se prende y en otras no —detalla Mariángel.

La mamá señala que tiene mucho más trabajo que antes de la pandemia. Trabaja en la parte de administración de un colegio privado y se levanta muy temprano para poder cumplir con las actividades de manera remota. Cuando se despiertan los chicos, empieza el trabajo combinado: preparar el desayuno y atenderlos, por un lado; cumplir con las labores del colegio, por el otro.

—Es más estresante porque en mi caso hago muchas más cosas de las que hacía. Yo entro a las 7 a trabajar, o sea que me levantaba re temprano y a ellos los veía a la tarde. Ahora al estar todo el tiempo hago todas las cosas: desayuno, almuerzo, juegos con los chicos... Me levanto antes para poder trabajar.

La pandemia también afectó los horarios de sus hijos: se acuestan más tarde, se levantan más tarde y comen más tarde. A eso se suma la reducción de las actividades habituales y los cambios tanto alimentarios —empezaron a comer menos harinas y más frutas y verduras ante la falta de actividad física— como emocionales, porque los chicos también extrañan a sus amigos y familiares.


Desde que el Gobierno decretó la cuarentena, los jardínes y las escuelas desarrollan la educación remota o a distancia para garantizar la continuidad pedagógica. En los sectores más vulnerables, con escasa o nula conectividad a internet y a veces un único celular para un grupo familiar numeroso, estudiar desde casa no es tarea sencilla. A eso se suman las condiciones de hacinamiento y las dificultades para acceder a una alimentación saludable.

En este marco, docentes y directivos de los establecimientos de Bahía Blanca que funcionan en esos sectores desarrollan distintas estrategias para que la brecha entre los chicos que tienen recursos y los que no los tienen sea menor. Hay quienes se acercan a las casas y llevan las tareas en formato papel; también están las escuelas que abren las puertas un día específico para que mamás y papás —respetando el protocolo de sanidad— consulten dudas y retiren el material de sus hijos.

Tal es el caso de la escuela N° 24, que funciona en el barrio Maldonado. Es el último establecimiento urbano del sector y tiene 480 alumnos —muchos de Tierras Argentinas, Costa Blanca y Punta Blanca—.



Su directora Silvina Schwerdt cuenta que "del total de la matrícula, entre un 20 y un 25 % no tiene acceso internet” y que para garantizar que todos los chicos hagan las mismas tareas cada martes, de 9 a 12, un miembro del equipo directivo abre la escuela y fotocopia el material para que los padres puedan retirarlo.

Quienes van al establecimiento ya conocen el protocolo sanitario para evitar contagios: ir con barbijo, respetar el distanciamiento, pasar las zapatillas por el trapo con lavandina que está en la entrada y colocarse alcohol en gel, dispuesto sobre una mesa contigua a la dirección.

—Al principio nos costó contactar a todas las familias (por celular) y organizar los horarios. Pedimos que envíen las tareas dentro del horario de clases, pero con algunas familias hacemos excepciones porque solo tienen conectividad de 17 a 22.

Más allá de las dificultades tecnológicas, las familias tienen muchas necesidades alimentarias. Por eso y dado a que el comedor de la escuela —con cupo para 130 alumnos y 300 para copa de leche— no está funcionando, les llevan los bolsones de alimentos que envían las autoridades y hacen distintas campañas solidarias para acompañar.



—No tener clases presenciales fue una restructuración a nivel pedagógico porque las tareas habituales cambiaron. En este contexto de vulnerabilidad, coincidió que todas las familias tenían celular, entonces armamos 18 grupos de WhatsApp. En cada grupo (uno por curso) está la docente y los equipos de orientación escolar y el equipo directivo.

Para que el trabajo sea más organizado determinaron que los días lunes la maestra de grado envía las tareas por foto o archivo, los miércoles se mandan las actividades de artística y los viernes es el turno de educación física. Los chicos tienen toda la semana para completar la tarea y una vez terminada le sacan foto y la entregan por WhatsApp para que la docente la vea y haga una devolución. La directora destaca que, a pesar del contexto, las familias participan un montón y mandan las actividades.

—Hay un espacio para consultar dudas donde las docentes mandan audios explicando las consignas; lo importante es que nadie esté invisibilizado. También respetamos los tiempos de las familias: si no entregan preguntamos por qué y le damos un tiempo más. Hay que ser flexibles porque en la casa están atravesados por un montón de variables; hay chicos que viven en una casa pequeña con 5 o 7 personas y quizás las condiciones no son las más adecuadas.



La directora señala que en el último documento que recibieron de Provincia se indica que las clases seguirán siendo remotas —se reanudarían de forma paulatina después de las vacaciones de invierno pero aún no hay confirmación— y se aclara cómo se tiene que evaluar al alumno.

—Las familias decían "para qué hacemos las tareas" al escuchar que no se iba a calificar al alumno. Hubo que explicarles que ahora se evalúa el proceso, es decir, el avance que tiene el alumno con los trabajos que hace para que cuando volvamos se pueda calificar y ahí acreditar los haberes.

Reconoce que la educación a distancia "es un trabajo muy laborioso porque hay que hacer un seguimiento mayor" y destaca que es posible gracias al trabajo en equipo entre la escuela, la familia y el alumno, en el marco de una buena comunicación.

—El trabajo coordinado de Jefatura Distrital, Consejo Escolar y el asesoramiento permanente de los inspectores del nivel permite el acompañamiento a los equipos directivos para que en estos tiempos se puedan superar los obstáculos de la mejor manera posible.



La directora anima a que cada uno, desde su lugar, propicie el encuentro; y recuerda que la resiliencia nos posibilita adaptarnos, sobreponernos y recuperarnos ante la adversidad. Está convencida de que cuando todo termine tendremos la posibilidad de valorar cuáles fueron los aprendizajes más significativos.

Adriana Estaur, la orientadora social de la escuela N° 24, dice que que son muy notorias las diferencias entre quienes tienen recursos y quienes no, aunque todos se esfuerzan por cumplir con las tareas.

—Muchos papás no cuentan con un teléfono para descargar documentos de Word, no todo el tiempo tienen internet o las cámaras de los celulares no les andan… Pero, ¡le ponen unas ganas! Cuando no pueden, piden a los vecinos que les saquen las fotos de las tareas o las llevan hasta la escuela para que las directora me las mande. Estamos asombradas porque a pesar de las necesidades tenemos buena respuesta.

La orientadora explica que tienen un registro con la entrega de tareas y que cada una semana o 10 días se comunica con las familias para ver cómo va el proceso y consultar si hay alguna duda. Además, están en contacto por WhatsApp, donde mamás y papás no solo preguntan por las tareas.

—Con esta situación no damos abasto. Nos dicen "perdón yo sé que este no es el lugar pero no tengo frazadas", "me robaron los dos acolchados"... Por suerte enseguida pedimos, obtenemos y se los llevamos. Obviamente es tapar el sol con un dedo pero bueno, lo hacemos.



Adriana dice que las desigualdades también se observan en el trato que reciben. Ella, que acompaña a una de las hijas de la mujer denunciada por maltrato en Tierras Argentinas, todavía no sale del enojo por el tratamiento que muchos medios hicieron del caso.

—Es una mamá que, con todas las limitaciones que pueda tener, adora a sus hijos. Actúa en función de los recursos que tiene. Hemos tenido innumerables reuniones con Niñez, en las que también están NIDO, el equipo de inclusión, la escuela 510, la 24, el hospital Piñeiro. Hay un montón de instituciones que intervienen por eso uno se enoja al ver las noticias porque no es que nadie sabía de esa situación, los que tienen que saber lo sabían.

Cuenta que el día que se hizo público el caso, llamó a la mujer para preguntarle cómo estaban ella y sus hijos; y la notó muy afectada.

—Lo primero que me dijo fue "¿leíste los comentarios y las barbaridades que dicen de mí?, todo lo que dicen es mentira". La verdad es que la mamá está presente, en este tiempo estuvo en contacto con nosotros y nos ha mandado las tareas de su hija.



En los jardines de infantes la situación es muy similar a las escuelas. Graciela Pettinari, directora del jardín N° 932 de Ingeniero White, cuenta que ella misma va a Jefatura Distrital a buscar los cuadernillos que envían desde Nación y se los reparte a las familias cuando lleva los bolsones de alimentos, que se entregan cada 15 días.

Además, tiene un grupo de WhatsApp con los papás donde las maestras envían las actividades. Pero como no todos tienen servicio de internet, la directora imprime en su casa el material que las seños mandan por celular, va al jardín para hacer copias y luego las entrega a las familias que no pudieron bajar los archivos. A veces incluso se queda explicando alguna consigna que no se entendió.

—La modalidad de trabajo depende de cada institución, de los acuerdos que tengamos con las docentes, con la comunidad y en la forma que queremos llegar. Nadie me dice “hacé esto o aquello”, lo hago porque por un lado es parte de mi rol y por el otro porque todos los sectores tienen que tener igualdad.



En tiempos de clases presenciales, el jardín daba el desayuno o la merienda reforzada, pero como ahora no puede abrir reparte los bolsones de alimentos que les mandan las autoridades como reemplazo de lo anterior.

Graciela se define como una defensora de la escuela pública y de las docentes del nivel, y reconoce que si bien la educación a distancia no es la mejor estrategia a la hora de enseñar es la única que pueden implementar en este momento.

—No es lo mismo que ir todos los días al jardín, obviamente que no. No reemplazamos la casa por la escuela, pero por lo menos sirve para acercarlos a contenidos pedagógicos aunque no sean extremadamente elevados. Para mí es el triple de trabajo: voy, vengo, reveo las tareas para que les lleguen a todos y adapto el vocabulario para las familias porque obviamente no es lo mismo que enseñe una docente que es un familiar y más ahora que muchos salieron a trabajar.



—Ahora que muchos volvieron a la actividad laboral, ¿se encuentran con menos respuestas de los padres?

—En nuestra zona no, la mayoría les da la misma atención. Lo que sí notamos es que no hay muchos dispositivos, como así también hay muchas familias que mandan a imprimir las tareas que mandamos. Veo que esto va a seguir pero tratamos de ponerle la mejor energía que tenemos.



La directora destaca que, pese al contexto, “todos ponemos la mejor voluntad y las familias están haciendo lo mejor que pueden. Nadie está preparado para la pandemia, pero nos tocó y hay que resolverlo lo mejor que se puede, no poner trabas. Siempre hay que mirar para adelante pensando en los chicos”.
(La Nueva)
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