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29 de mayo de 2020

Analizan documentos que prueban la presencia de mapuches desde finales del siglo XIX en el sur argentino



El estudio de cartas de principios del siglo XX, llevado a cabo por investigadores de varias universidades, permitió descubrir que integrantes de comunidades mapuches del sur argentino no sólo estaban asentados allí desde fines del siglo XIX, sino que habían pertenecido a la tribu de Namuncurá, en la región pampeana.

“El hallazgo rompe con ciertas visiones en torno a los mapuches como ‘invasores chilenos’, a la vez que se constituye en una prueba más para que las comunidades actuales reciban un reconocimiento de parte del Estado como dueñas legítimas del territorio”, aseguró a la Agencia CTyS-UNLaM Sebastián Valverde, doctor en Antropología e integrante del equipo.

Tal es la importancia que el análisis de estas cartas se transformó en un libro, Lof Paichil Antreao, comunidad mapuche ancestral de la región de Villa La Angostura, trabajado en conjunto por la comunidad mapuche, la biblioteca popular Osvaldo Bayer, la UBA, la UNCo y la UNLu.

Los protagonistas de las cartas en cuestión, fechadas en 1908, son Ignacio Antreao y José María Paichil. “Fueron los primeros pobladores mapuches en establecerse en la zona del lago Correntoso y Costa Norte del Lago Nahuel Huapi. Todavía faltaban décadas para la conformación de la frontera con Chile”, resaltó Valverde, quien también es investigador del CONICET.

En las cartas, que están dirigidas a la Dirección de Tierras y Colonias, José María Paichil reclama la regularización de la tierra que le fue asignada junto con Ignacio Antreao en 1902.

“Estos documentos ya habían salido a la luz y tienen una enorme importancia porque en una parte del texto Paichil dice ‘hace veinte años resido en este lugar’, lo que comprueba que su asentamiento se remontaba a fines de la década de 1880”, relató Valverde. A su vez, en otro de los pasajes el integrante de la comunidad mapuche afirma que actuó como “baqueano después que salí de la tribu de mi querido Jefe Namuncurá y capitanejo Platero”.

“Claramente, este documento histórico comprueba que, al igual que tantas otras familias indígenas, Paichil provenía de las áreas pampeanas del actual territorio argentino”, aseguró el antropólogo, a la vez que analiza que el recorrido hecho por el autor de las cartas era el más común por aquella época, sólo que ahora hay epístolas que lo comprueban.

Valverde explicó que muchas familias mapuches venían huyendo desde la zona pampeana hacia el sur y se resguardaron en Villa La Angostura. “Era un lugar excelente porque tenían agua dulce, lugares para cultivar, montañas. Muchas de esas familias, a su vez, se fueron a Chile y luego volvieron. De allí surge el estigma de los mapuches como ‘invasores chilenos’. Lo curioso es que en Chile se suele considerar a los mapuches como ‘invasores argentinos’”, analizó.

En relación este punto, el investigador aseveró que estos discursos tienen que ver con el racismo de parte de ciertos sectores políticos y sociales. “En toda América Latina, siempre se acusó a los pueblos indígenas de ser extranjeros. Y sólo funciona cuando el país del que se presume es origen, es considerado inferior. A su vez, históricamente se construyó la imagen del indígena como extranjero, pero también como peligroso, como inferior, como no civilizado”, enfatizó.

Respecto a los pueblos mapuches en particular, Valverde considera que la construcción del mapuche como supuesto invasor chileno obedece, por un lado “a que la frontera en la Patagonia es más tardía que en el Norte argentino”, y que, a su vez, “en el norte era más fácil construir una diferencia sobre los pueblos originarios a partir de los caracteres fenotípicos”.

El análisis de los textos y de otros documentos de la época permite corroborar la fuerte discriminación que sufrieron los pueblos originarios en todo el territorio. “Si bien están las pruebas de que tanto Paichil como Antreao estaban desde hacía varias décadas allí, lo cierto es que el Estado argentino les negó la escrituración de la tierra durante mucho tiempo”, aseguró Valverde.

“Muchos de los títulos actuales provienen de una época donde un sector lograba escriturar una propiedad y el otro no. Se debe reconocer que hay pueblos originarios que estuvieron durante muchísimo tiempo allí. Y si bien hoy el derecho indígena dice que se debe reconocer esa antigüedad, hay enormes dificultades e intereses para su implementación efectiva”, alertó el investigador.

Fuente y foto: Agencia CTyS-UNLaM
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