22 de julio de 2019

Telar de la Abundancia: cómo actúan los grupos que reclutan víctimas



Semanas atrás el periodista de Infobae, Federico Fahsbender, explicó en LA BRÚJULA 24 en qué consiste “El telar de la abundancia” que genera expectativas en millones de personas para generar dinero fácil sin el sudor de la frente, a punto tal que su popularidad había motivado una fuerte alerta de la Procelac, en octubre de 2016 .Pero en esta oportunidad se infiltró para conocer cómo actúan y saber el paso a paso de la estafa.

"Vero" era su nombre. Escribía supuestamente desde Corrientes capital. Con poco más de 35 años según podía adivinar de sus fotos en su perfil, seguidora de las terapias holísticas, los malabares y el arte callejero, "Vero" había visto mi nombre en un grupo masivo de Facebook y me contactó por chat privado con una oferta para entrar a su Telar de la Abundancia. Ni siquiera me dijo "hola", o "¿qué tal?", no me preguntó cómo estaba, quién era, o qué hacía de mi vida. "Vero", sin siquiera saludarme, me ofreció con un copy-paste su propio Telar, con un mensaje pre-escrito lleno de mayúsculas y emojis de regalos envueltos, llamas y cohetes espaciales. Sus motivos eran cósmicos. Los planetas, según ella, se habían alineado porque su negocio raro era mi chance de ganar.

"El Universo hizo que hoy te llegue esta invitación a este TELAR EXPRESS. Tres o cuatro horas y te consagrás. Sí, así como lo leés. El Universo está de tu lado. Vamos, te queremos acá. Sentite merecedor. Aceptamos tarjetas", decía el mensaje. Para unirme, solo tenía que entrar a un chat grupal de WhatsApp, al que me invitaba con un click.

El grupo de WhatsApp se llamaba "Completitud Selva y Vero", con "Selva" una posible socia de "Vero" en el esquema. Prometía un cobro rápido, para "volver a tejer" el Telar en tiempo récord. Para ingresar, solo tenía que entregarle 100 dólares, un tercio del salario mínimo vital y móvil, a una persona que ni siquiera me daba su nombre.

"Bienvenido, Federico. Te cuento que ingresaste a un grupo maravilloso lleno de amor, entre todos nos ayudamos a buscar fuegos", me decía una mujer con emojis de ositos panda en vez de un nombre propio: los "fuegos" son los aportantes, los que entregan, la base del esquema. Yo era una "chispita", un potencial "fuego", un potencial aportante o víctima, depende de cómo se mire.

Si jugaba el juego, si hacía todo bien, podía llevarme cuatro veces lo que aportaba. "Yo entré el lunes y ya soy agua", dijo la mujer de los ositos panda, convencida, quizás no muy convincente. Hice algunas preguntas de rigor, como por ejemplo cómo le tenía que pagar. "Por Mercado Pago", me dijo. Entre otros medios, me iban a dar un número. De dónde eran en el grupo, pregunté luego. "De Corrientes, de Buenos Aires, de Comodoro Rivadavia", dijo la Señorita Ositos. "En el Telar anterior había gente de España", me aclaró. "Yo soy de San Martín de los Andes", me dijo un hombre en el chat. "Bienvenido", decía otro. Casi de inmediato, los conectados empezaron a preguntar: "¿Te sumás?" "¿Te sumás?" "¿Te sumás?"

Y el grupo de "Selva" y "Vero" no es una cosa única. En mi teléfono llegué a estar en cinco grupos de reclutamiento para Telares al mismo tiempo con miembros argentinos que pedían dinero depositado legalmente para materializar la venta de humo. Y todos venían del mismo lugar, una comunidad abierta en Facebook de más de 4200 usuarios con un muro en donde reclutadores y reclutadoras de Colombia, Chile, Ecuador y Argentina buscan quién les aporte para continuar sus esquemas. El lunes por la mañana en el grupo, cuatro chicas de Posadas, Misiones que operaban un Telar invitaban a sumarse con "100 dólares" porque recién "abrían las naves" y "estaban cerquita de volver a girar". Otros buscaban "fueguitos" para sus propias redes. La oferta es siempre la misma, con una metáfora poco imaginativa: entrar rápido para cobrar rápido, "soplar" para difundir y sumar, plata ya sin mediar preguntas. Un scroll casual al muro revela al menos veinte grupos en el país que comenzaron su reclutamiento en las últimas semanas.

Las comunidades del Telar que buscan solventar su fantasía a la vista de todos en la mayor red social del mundo lo hacen jugando con el fuego de la estafa y de la captación ilegal de ahorros, delitos penados con multas duras y cárcel. La PROCELAC, el ala de la Procuración encargada de investigar delitos financieros, advirtió en 2016 y semanas atrás este mes sobre los riesgos del Telar. El fin de semana último, se publicaron los cuadernos de Julieta Magalí Ruiz de Chamical, La Rioja, la primera y única mujer presa en la Argentina por el Telar, presa por una estafa que causó un daño de 7 millones de pesos y que afectó a 1500 damnificados. Ruiz terminó encerrada en su casa, rodeada por una turba, amenazada.

Sin embargo, a la gente del WhatsApp, todo esto le da igual y hasta dejan su nombre en el rastro de papeles. Quienes pagan mandan fotos de sus recibos a los grupos, las "chispitas" que se convierten en "fuegos". Reciben de premio un emoji de aplauso y un poco de ansiedad para cobrar.

Tras su advertencia a mediados de este mes, la PROCELAC ya recibió las primeras denuncias de víctimas por estafas en Telares que reenvió al fuero porteño. El grupo de Facebook de los 4200 usuarios, mientras tanto, ya es analizado por una reconocida fiscal porteña y su equipo de colaboradores.

Mientras tanto, pasan cosas raras en los Telares. El de "Selva" y "Vero", el que cobra en dólares, sumó un extraño nuevo miembro, un supuesto norteamericano llamado "David" del estado de Georgia que en un inglés lleno de errores de ortografía intenta convencer a señoras en el Telar de que se sumen al suyo. Una ya picó. Busca "amigos", dice "David".

Fuente: La Brújula 24 / Infobae
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