miércoles, 1 de mayo de 2019

LOS QUE PROTESTAN LA PROTESTA



LOS QUE PROTESTAN LA PROTESTA
(Sobre esta jornada de paro, y sobre esos que critican a los que salen a la calle a reclamar lo que es justo. Por Martina Kaniuka)

Dicen los que protestan la protesta, que son muy viajados –aunque no reconozcan su suerte- y que esto en los países del Primer Mundo no pasa. No pasa en Francia, donde cientos de miles de trabajadores tomaron las calles con sus chalecos amarillos. No pasa en Londres, donde otros tantos lo hicieron bloqueando el distrito financiero para protestar por el cambio climático; pero tampoco pasa en Alemania, Portugal y España, donde cientos de miles de personas se unieron contra la Troika y las políticas financieras del Fondo Monetario Internacional (FMI) en sus países.

Dicen los que protestan la protesta, que quienes se reúnen a protestar en la avenida más ancha del mundo van a asestar golpes, romper canteros y a violentar el orden porque son vagos, no quieren trabajar y buscan planes para depender del Estado. 

Parece ser que no existieran ni los datos delINDEC para el primer trimestre de este 2019 -de casi un 10% de desocupación, 32% de pobreza, 26% de subocupación- un Ministerio de Trabajo devenido Secretaría; una CGT ausente, la baja de las jubilaciones y pensiones, el desguace de los planes sociales y de los programas de contención a los sectores más vulnerables, una baja estrepitosa del consumo interno y una inflación que achica, en el supermercado, el bolsillo trabajador.

Dicen los que protestan la protesta que la represión es buena y que es parte de la democracia, porque tienen derecho a la libre circulación. Parece ser que los derechos de libertad de expresión, asociación con fines sociales, de trabajo, reunión y petición, no existieran en la Constitución.

Así, los que protestan y los que protestan la protesta conviven a la vera del largo camino que resta para que se cumplimenten sus derechos: los unos, porque han vulnerado los derechos que posibilitan cumplir con sus necesidades más básicas; los otros porque prefieren la intolerancia a la lucha que les supo garantizar esos derechos que hoy tienen y no fueron ganados con el “diálogo”.

Lo que olvidan los que protestan la protesta es que si protestan los que protestan no es porque les guste. En los márgenes de la sociedad, se oprimen con espanto quienes ocupan los renglones como notas marginales en la lista de tareas de un Estado que las encabeza con los mandados del gran capital. La represión no es buena en tanto es la respuesta sangrienta del capital a la resistencia de los pueblos contra este sistema que humilla, ahorca y exprime. Según datos de la CORREPI, en 2018, el gobierno de Mauricio Macri y la doctrina Bullrich, mataron una persona desarmada cada 22 horas.
Cuando quienes detentan los hilos del poder hacen peligrar y avasallan los derechos adquiridos en otras luchas, lo más lógico sería abrazar la protesta. Si se ensucian las paredes, se rompen los canteros y los carteles de la avenida más ancha del mundo, habría que preguntarse por qué lo que no se rompe son las estructuras que sustentan este sistema excluyente, que cada día deja afuera a millones de personas.

Mientras tanto, y con una creciente criminalización de la protesta con hasta 10 años de prisión, deberíamos hacer cotidianamente un elogio de la protesta, en la reivindicación de aquellos que también creen en una sociedad mejor, aun para los que protestan la protesta.

y en Twitter: @RevSudestada

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